Represiones en México: el permanente espectáculo del terror protagonizado por las fuerzas de (in) Seguridad

Represiones en México: el permanente espectáculo del terror protagonizado por las fuerzas de (in) Seguridad

Policías que asesinan, reprimen protestas, gasean, disparan balas de goma o de plomo, que golpean, torturan y secuestran. Que hacen detenciones ilegales. Que desaparecen a personas. Que ejecutan operativos vestidos de civiles. Que arrebatan celulares de testigos para evitar que sus crímenes queden grabados. Ver a un policía en México produce casi siempre más miedo

Policías que asesinan, reprimen protestas, gasean, disparan balas de goma o de plomo, que golpean, torturan y secuestran. Que hacen detenciones ilegales. Que desaparecen a personas. Que ejecutan operativos vestidos de civiles. Que arrebatan celulares de testigos para evitar que sus crímenes queden grabados.

Ver a un policía en México produce casi siempre más miedo que confianza. Y estos días volvió a quedar claro por qué las Fuerzas de Seguridad se convirtieron hace tanto tiempo en un símbolo de violencia institucional, corrupción e impunidad.

Ver a un policía en México produce casi siempre más miedo que confianza. Y estos días volvió a quedar claro por qué las Fuerzas de Seguridad se convirtieron hace tanto tiempo en un símbolo de violencia institucional, corrupción e impunidad.

En Jalisco, un estado ubicado en la costa del Pacífico, hubo protestas para repudiar el asesinato de Giovanni López, un albañil de 30 años desaparecido y asesinado a golpes por policías que lo detuvieron, con el pretexto de que no llevaba cubrebocas.

El caso ocurrió el 4 de mayo en el municipio de Ixtahuaclán, pero cobró relevancia un mes después por las amenazas denunciadas por la familia de la víctima y en medio de la oleada de indignación internacional provocada luego de que un policía asesinara a George Floyd en Estados Unidos, en una muestra más del racismo que impera en ese país.

Muchas voces advirtieron que, si se quería hablar sobre discriminación y crímenes policiales, bastaba con mirar lo que ocurría en México. Por ejemplo, en Jalisco. El reclamo «Justicia para Giovanni» trascendió las redes sociales y el jueves se trasladó a las calles de Guadalajara, la capital del Estado gobernado por Enrique Alfaro.

La respuesta fue una represión masiva. Los videos posteados por los manifestantes, en su mayoría jóvenes, demostraron los abusos policiales, así como reacciones extremas de presuntos activistas que prendieron fuego a un policía y quemaron patrullas.

El gobernador no tuvo mejor respuesta que victimizarse y culpar de «la violencia» a supuestos provocadores infiltrados por Morena, el partido del presidente Andrés Manuel López Obrador, de quien es opositor, sin reconocer las agresiones de las fuerzas policiales bajo su mando.

La situación empeoró. López Obrador retó a Alfaro a que presentara pruebas de que el gobierno nacional estaba involucrado en la organización de las protestas. El gobernador intentó bajar el tono de las acusaciones. «Sigo creyendo que el presidente es una gente de bien que no está dando instrucciones», dijo, aunque reiteró que «desde los sótanos de poder en la ciudad de México» se activaba la violencia.

En su estrategia de no asumir responsabilidad alguna, el gobernador contó con una ayuda inesperada. El escritor Enrique Krauze, feroz opositor a López Obrador, salió en su auxilio con un tuit en el que aseguró que Alfaro «honra la tradición de Jalisco» y lo comparó con Mariano Otero, un político de mediados del siglo 19, porque «enfrentó gallardamente el acoso injusto del gobierno. Y paso a la historia por resistir». Imposible no sentir vergüenza ajena.

El escritor Enrique Krauze, feroz opositor a López Obrador, salió en su auxilio con un tuit en el que aseguró que Alfaro «honra la tradición de Jalisco» y lo comparó con Mariano Otero, un político de mediados del siglo 19, porque «enfrentó gallardamente el acoso injusto del gobierno. Y paso a la historia por resistir». Imposible no sentir vergüenza ajena.

La penosa defensa de Krauze fue explicada por Álvaro Quintero, miembro del Observatorio Permanente del Sistema Estatal Anticorrupción de Jalisco, quien mostró los contratos a través de los cuales el gobierno de Alfaro le otorgó el año pasado 5,3 millones de pesos (alrededor de 245.000 dólares) a proyectos editoriales del escritor.

Con el conflicto político en alza, las protestas se repitieron el viernes por la tarde. La represión fue todavía peor. Las detenciones fueron masivas e ilegales, tanto, que al mediodía del sábado se desconocía el paradero de 18 jóvenes.

El activismo se reforzó, pero ahora para saber en dónde estaban las y los detenidos. Inaceptable la incertidumbre en la que sumieron a las familias en un estado en el que hay más de nueve mil personas desaparecidas, en donde abundan las ejecuciones extrajudiciales y las fosas comunes con cuerpos no identificados.

Los testimonios se replicaron en las redes sociales: «Queda demostrado que las autoridades saben desaparecer a personas», «60 segundos son suficientes para desaparecer en Jalisco, lo vimos, fuimos testigos de la forma tan atroz en que operan elementos de la Fiscalia de Jalisco, encapuchados, vestidos de civil y en camionetas sin placas. Sin diferencia con la forma en que opera el crimen organizado», «Hoy en Jalisco vimos una acto masivo de desaparición forzada de personas en manos de la Fiscalía», «El miedo y terror que ya vivimos frente la desaparición salió de nuestra mente y lo vimos a plena luz del día, todo grabado: sicarios o cómo le quieran llamar y policías levantando jóvenes».

De a poco, a cuenta gotas, los jóvenes fueron apareciendo y siendo liberados, aunque este lunes todavía quedaban siete detenidos.

El gobernador siguió en plan de víctima. «Han sido 48 horas de resistir todo tipo de ataques, provocaciones e intentos de desestabilizar el estado… nunca en mi vida me había sentido tan enojado y tan frustrado», escribió en redes sociales. ¿Se imaginará, acaso, el enojo y la frustración de los jóvenes reprimidos, de los detenidos, de los golpeados, de los desaparecidos, de sus familias, de una sociedad que está harta de ser rehén de la violencia?

Un cambio central en su discurso es que ya no culpó a López Obrador. Ahora señaló al crimen organizado como infiltrado en las movilizaciones. Según el gobernador, los policías que cometieron un «uso excesivo de la fuerza» y no respetaron los derechos humanos, lo desobedecieron.

A 500 kilómetros de Guadalajara, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, daba un argumento similar para condenar el ataque de policías capitalinos en contra de Melanie, una joven de 16 años que había acudido a una protesta realizada el mismo viernes para repudiar los asesinatos de George Floyd y de Giovanni López.

Las imágenes de los policías rodeando y golpeando a la adolescente mientras está tirada en el suelo, son atroces.

«Di la instrucción clara y precisa de evitar una confrontación, sin embargo, no se obedecieron las órdenes a cabalidad y se cometió abuso policial al menos contra un adolescente y para mi gobierno esto es inaceptable», aseguró Sheinbaum.

Que dos gobernadores reconozcan en un mismo día que la Policía no los obedece es muy grave. ¿A quién responden, entonces? ¿Quién los manda a reprimir a mansalva ? ¿O es sólo la fuerza de la costumbre?

Si los policías lo hicieron porque confiaban en su impunidad, en esta ocasión se equivocaron, porque la presión social, la organización de los activistas y la contundencia de los videos replicados en las redes sociales impidieron que no pasara nada, como en tantos otros casos.

Que dos gobernadores reconozcan en un mismo día que la Policía no los obedece es muy grave. ¿A quién responden, entonces? ¿Quién los manda a reprimir a mansalva ? ¿O es sólo la fuerza de la costumbre? Si los policías lo hicieron porque confiaban en su impunidad, en esta ocasión se equivocaron, porque la presión social, la organización de los activistas y la contundencia de los videos replicados en las redes sociales impidieron que no pasara nada.

Acorralado por las protestas, pero sin poder evitar el cinismo, Alfaro presumió que en Jalisco se había evitado «un nuevo Ayotzinapa», en referencia a la desaparición de 43 jóvenes ocurrida en septiembre de 2014. Por los abusos en las represiones ya hay dos policías retirados y bajo investigación, aunque sus familias insisten en que sólo obedecieron órdenes de la fiscalía o del gobernador.  Y por el asesinato de López ya fueron detenidos tres policías que ahora serán sometidos a un proceso judicial.

La reacción de Sheinbaum fue más contundente desde un principio para reprobar a sus propios policías. Habló con la familia de Melanie, les ofreció su apoyo, y dos de los agentes involucrados en el ataque a la joven ya están detenidos y acusados de abuso de autoridad.

El rechazo, la condena y la sanción a los abusos de las fuerzas de Seguridad deberían ser una norma y no una excepción, como pasó en estas represiones, pero para que ello ocurra falta mucho porque hoy, derechos humanos, justicia y México todavía son un oxímoron.

Fuente y créditos: actualidad.rt.com

México Noticias
ADMINISTRATOR
PROFILE

Posts Carousel

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked with *

Latest Posts

Top Authors

Most Commented

Featured Videos